Estimado lector, esta página tiene la finalidad de representar el pensamiento de los comunistas. Esta definición puede parecer una simpleza, sin embargo, tiene un sentido de particular contingencia. En Chile, el solo propósito de representar el pensamiento comunista implica una polémica actual, puesto que se encuentra en disputa el significado y el papel de los comunistas.

Nos hallamos en un momento histórico en el que somos testigos de cómo se ejecuta la más radical renuncia a los principios de la lucha de clases y, por consiguiente, a la estrategia del socialismo, esta vez por parte de organizaciones de una larga tradición clasista. Ello llama al más profundo cuestionamiento. ¿Pero esto significa que el comunismo (y el socialismo científico) se encuentran en decadencia? ¿El socialismo es el que está en cuestión? Sin duda que no. En los últimos años, las luchas sociales han cobrado una fuerza que no se veía desde hace décadas. De alguna manera, podría transportarse a la actualidad aquella frase de Marx en cuanto a que, “en desarrollos de tal magnitud, podría considerarse a veinte años como apenas un día, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que se concentren veinte años” (Carta de Marx a Engels, 9 de abril de 1863). Empero, a pesar de este giro en favor de la lucha de masas, algunos partidos consagrados en la defensa de la clase trabajadora, que en su momento se declararon revolucionarios en un sentido correcto, justo en este periodo han venido a tomar como opción válida la vía de la alianza y la cooperación con la burguesía neoliberal y con sus partidos.

Más allá de ciertas justificaciones “tácticas”, y más allá de ciertas apariencias y prácticas rituales, debemos esclarecer cuestiones fundamentales del debate de ideas. Tenemos que aclarar que éste no es otro debate más con el revisionismo, que esta vez no se trata de combatir al clásico reformismo socialdemócrata. Esta vez se trata de la renuncia más abyecta a los principios del socialismo por parte de sus dirigentes. Esto no es menor y no sirve de nada decir “¡allá ellos!”, puesto que, por una parte, aún no se han constituido partidos políticos clasistas y, por otra parte, esta situación viene a alimentar el surgimiento de organizaciones sin consistencia ideológica, que bien pueden conducir a las masas en direcciones confusas o, incluso, guiándoles hacia un pozo de perdición.

Así es, el movimiento comunista –el único esencialmente revolucionario- enfrenta un duro embate de la burguesía, que ansía (y sueña ilusamente con) aniquilar toda orientación efectiva del proletariado. Como siempre lo ha querido, pretende dejar a la clase trabajadora desprovista de toda capacidad de conducirse a sí misma en medio de la cada vez más despiadada lucha de clases. La novedad particular de este asalto es que ha creado el momento oportuno para hacerse del control pleno de las conducciones políticas de todos los partidos constituidos por la clase trabajadora. El último eslabón de esta operación es la captura final y definitiva del PC de Chile. Ha podido hacerlo porque antes ha conseguido que en él se desarrolle una profunda degeneración de sus métodos de trabajo y, por último, ha logrado que renuncie a sus principios en pos de fines oportunistas. Perpetuados a través de métodos corruptos, los jefes de la noble y vieja izquierda –aquella que conquistara grandes triunfos y legara heroicos episodios a la historia de la lucha de clases- se han pasado decididamente al bando de los explotadores y hoy apenas manifiestan sus reparos a los males del neoliberalismo. Con la renuncia más o menos abierta al socialismo, los dirigentes del PC han acabado por traicionar sus objetivos.

Al abandonar el socialismo en cuanto meta irrenunciable de los revolucionarios, no han hecho otra cosa que terminar uniéndose a la larga lista de los renegados, de sus parientes eurocomunistas y “renovados”. De una manera vergonzosa y por unas mezquinas cuotas de participación institucional, el CC del PC asume un papel de “alma de izquierda” del gobierno de M. Bachelet. Pero esto no es más que propaganda vacía y es la plataforma nebulosa sobre la que los renegados sustentan el apoyo a tal traición histórica, valiéndose de las simpatías heredadas de casi un siglo de luchas y de la fidelidad casi religiosa de un activo de base que, en organizaciones vecinales, laborales y estudiantiles, ha sobrevivido a los golpes infligidos por la dictadura primero, y luego al arrinconamiento y el desprecio de una “transición democrática” que se empeñó sistemáticamente en descalificarle. Y los comunistas, como expresión política y cultural de la izquierda clasista, también han debido sortear la depresión posterior a la destrucción del primer proyecto socialista mundial.

Podemos afirmar que, en un nuevo escenario nacional e internacional en el que se re postula el marxismo como método de análisis y tesis de la sociedad de clases, y en el que se revalida la aspiración al socialismo en nuevos procesos de luchas populares, los comunistas ahora tienen el imperativo de postular el socialismo enfrentando la política de traición que domina la conducción de los partidos que históricamente fueron defensores de los obreros y de las clases populares. Los comunistas estamos obligados a luchar en todos los campos y, sobre todo, en el campo de las ideas, para derrotar a los que pretenden confundir los intereses de las clases oprimidas. Ello es tan cierto e importante como que, a la vez, debemos combatir al aventurerismo y al infantilismo de izquierda propio de la pequeña burguesía.

Por lo anterior, comunista.cl se encargará de entregar la política de Unidad Comunista y de los comunistas sin más, de los que se reagrupan entorno a la interpretación revolucionaria de la sociedad y sobre una política inspirada en las tesis marxistas y en los métodos de acción leninista. Ello hará de comunista.cl una trinchera desde la que se desenmascarará a este gobierno y a sus partidos en cuanto francos sostenedores de la hegemonía política neoliberal, ya sea por parte de aquellos que pretenden defender al capitalismo de manera declarada, o de los otros que, criticando al neoliberalismo, se proponen incubar la fe en una suerte de retroacción histórica que conduciría a la recuperación del sueño de una sociedad basada en la conciliación de clases, tal cual como en el cuento reviviera Bella Durmiente al ser besada por el príncipe. Descubriremos las falsedades de sus intenciones, la mentira “democrática” y el engaño del programa de reformas concertacionistas de la Nueva Mayoría, cuya función es consolidar al neoliberalismo, en una lucha en la que –no debemos olvidar- se aliarán naturalmente con todas las fuerzas de la burguesía, ya sea hacia la derecha golpista de corte terrateniente o hacia sus satélites “díscolos” de la izquierda progre; pero nunca hacia los oprimidos. Y, dadas las características de la burguesía chilena, se encontrarán hermanados en su subordinación al imperialismo yanqui.

Desde esta trinchera de las ideas, desvestiremos la hipocresía de esa dirigencia que, complacida en su nueva condición, se ha pasado al bando de la burguesía y cuya función (consciente o no) se propone desmontar la organización política y social que pueda defender abiertamente las luchas de los trabajadores, desproveyéndole de toda concepción de clase. Esa dirigencia hace posible el mejor de los planes capitalistas, que ya no consiste en hacer desaparecer a los partidos de clase, sino que consiste en ponerlos en manos de la conspiración burguesa, conduciéndoles a su gusto y frenando el surgimiento de toda alternativa consecuente.

Los comunistas tenemos la gran tarea actual de reinstalar un programa justo y construir la organización para la emancipación de la Humanidad, labor que deberá ser llevada a cabo en medio de las luchas de emancipación de los pueblos del mundo, con la participación protagónica de la clase obrera y los trabajadores en general. Esta inmensa tarea, como siempre, nos fuerza a las más amplias y tesoneras labores de organización del partido, pero que, además, nos exige la más ardua lucha de ideas contra la hegemonía capitalista, y contra sus innumerables formas de distracción y de desviación. Cuando en Chile, como en gran parte del mundo, el neoliberalismo ha golpeado con éxito a las organizaciones de izquierda, no es suficiente con las luchas sociales para llegar a un puerto de transformaciones profundas. Es tiempo de reconstruir el partido de la clase.

 

Eduardo Ampuero

Secretario Político de Unidad Comunista

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