Cada vez más se escucha el término “Boletariado” para referirse a trabajadores a honorarios. Esta denominación no es sólo un guiño explícito al proletariado, es también un recordatorio a la enorme población que se autoconvence como “clase media”, a todos los profesionales y emprendedores que subsisten boleteando mes a mes, de que pertenecen a la clase trabajadora explotada. Lo que eufemísticamente llaman trabajador independiente o a honorarios, es en realidad la profundización de la precariedad laboral. Un boletario no tiene derecho a seguridad social, ni a sindicalizarse, ni a feriados, ni a aguinaldos, bonos o cualquier tipo de beneficio adquirido por los trabajadores asalariados organizados. El boletario depende de la “buena voluntad” de su empleador cuando se enferma, cuando necesita pre o post natal o para asistir a la cena de fin de año. Legalmente, estas prácticas se justifican por que el trabajador a honorarios “presta servicios” al empleador, por tanto, tendría la independencia para determinar su horario y forma de trabajo para cumplir con el servicio prestado. Sin embargo, en la práctica, a los boletarios se nos exige horario y responsabilidades de igual forma que a un trabajador asalariado. Es la proletarización de lo que denominan entrega de servicios personales.

No sólo hemos aceptado la exponencial masificación de esta forma de empleabilidad, sino también la masificación del sub contrato, la implementación del estatuto joven (que echa al tacho de la basura todos los derechos laborales ganados en décadas de luchas), y ahora la imposición arbitraria de cotizar en las AFPs, en salud y otros 3 seguros privados. De independientes no tenemos nada.

Resulta urgente que el boletariado se haga consciente de su posición social. Es necesario derribar los términos hipócritas y manipuladores que intentan mostrarnos como “clase media”, emprendedores o emergentes. Somos clase trabajadora explotada, y nuestra precariedad es fruto de la constante lucha que libran los poderosos que tienen el capital, para aumentar sus ganancias. Es un hecho ampliamente demostrado que gobiernos y parlamentos de turno legislan en función de los intereses capitalistas de los grandes empresarios. Basta recordar la Ley de Pesca, el miserable Royalty minero, la imposición de las AFPs, las modificaciones a las leyes de derecho de agua, de Isapres, tributaria, y un enorme etcétera. La legalidad vigente (la Constitución de la dictadura, firmada, avalada y perpetuada por la Concertación y la Nueva Mayoría) es la que permite que un trabajador ambulante vaya preso, mientras los coludidos ladrones de farmacias tengan clases de ética. Las leyes favorecen sistemáticamente al mismo grupo de la sociedad (la clase dominante), mientras a nosotros (la clase explotada) nos precariza, nos somete, nos explota y nos empobrece. La lucha de clases es un hecho concreto, cotidiano y demostrable, de la que formamos parte inevitablemente, incluso (o sobretodo) si no hacemos nada. ¿De cuál lado crees que estás tú?

Llevamos décadas de derrotas en esta lucha constante y, aparentemente, invisible. La masividad creciente del boletariado es, en sí mismo, una demostración de ello. Hemos ido perdiendo los derechos laborales que ganaran los trabajadores asalariados de antaño. ¿Cuánto más tenemos que perder para decidirnos a tomar claramente partido en esta disputa? ¿Seguiremos obnubilados por nuestra capacidad de endeudamiento y algunos privilegios miserables que nos vuelven sumisos y serviles? ¿Por cuánto tiempo más mantendremos el cauto silencio y el temor a reivindicar?

Los boletarios tenemos la responsabilidad de tomar parte en esta lucha, no sólo por consecuencia, sino por conciencia de clase. De otro modo será imposible ver con claridad nuestros aliados y enemigos. Una transformación real de la sociedad, sólo será posible con la unidad organizada, honesta y consciente de todos los explotados.

Patricia Hanna Pazmiño

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Cada vez más se escucha el término “Boletariado” para referirse a trabajadores a honorarios. Esta denominación no es sólo un guiño explícito al proletariado, es también un recordatorio a la enorme población que se autoconvence como “clase media”, a todos los profesionales y emprendedores que subsisten boleteando mes a mes, de que pertenecen a...